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Impresiones de Londres: Museos I

Habíamos hablado de la visita a Londres, pero yo no había comentado ciertas emociones.

De entre todas las cosas que van quedando pendientes de contar, hoy elijo las impresiones que me causaron algunos de los más conocidos museos de Londres.

Para empezar, hicimos cola. Es lo que tienen los museos gratuitos, la gente SÍ los visita.

Yo creo que ya haciendo cola había empezado yo a sentir cosas.

Las piedras tocadas por la mano humana para su propio beneficio (el de la mano -y resto del cuerpo- humana, no el de las piedras), no me impresionaban, y menos aún si eran para “hacer casitas”, que suelo decir, casitas, casitas grandes, casitas inmensas o casitas más grandes que inmensas.

Las joyas no me llamaban especialmente la atención, aunque sí admiraba el trabajo del artesano al cortar, pulir y dar forma a diversos minerales (tanto que, de entre las muchas cosas que alguna vez quise ser, en algún momento me planteé estudiar gemología).

Hallámonos ante el National History Museum y, si bien puedo perderme viendo girar al tiovivo, uno de esos clásicos del año de la polca, el propio edificio que es el museo me pide atención.

Es inmenso, hay muchos edificios inmensos, y más grandes que este, pero este, aún no siendo tan grande me hizo sentir la enormidad que representaba.

Pero la sensación de “cosa grande” fue efímera, no me ocupó más que un instante, porque la emoción que se abrió paso fue la satisfacción de lo bello. No era belleza en sí lo que me estaba inspirando, era elegancia y la elegancia agrada al ser detectada.

¿Pueden los amontonamientos de piedras, ordenadas según el capricho del hombre, ser elegantes? Sí, pueden, incluso para mí, que no les encuentro más significado que el práctico (mal que les pese a los arquitectos).

Estoy ante una elegancia de tamaño descomunal, aunque no colosal; una elegancia única, particular. La primera elegancia que aprecio de un edificio y por ello tan importante para mí.

Y empieza a susurrar no sé qué intraducibles promesas. Quiero entrar ya y descubrir sus secretos, y quiero quedarme fuera admirándolo. Contradicción.

La cola es larga, pero no lenta. Vamos entrando en grupos. Y accedimos.

No puedo describir esa primera impresión del interior. La perfectamente calculada oquedad donde me encontraba.

Richard Owen a un lado, del que fui consciente más tarde y aún incapaz de reconocerlo. Darwin presidiendo el atrio, al fondo, donde se bifurca el ascenso a la siguiente planta. Pero ni uno ni otro importa.

La reposición de uno de esos algo-saurios está a mi lado. Se encarga de dar la bienvenida a los visitantes, de manera que lo primero que encuentras al pasar la puerta, es un bicho gigantesco cuyos restos reales se encuentran a buen recaudo en algún lugar del también gigantesco edificio, ¿o puedo tocar auténticas osamentas de eras pasadas?. Son huesos tan viejos que conocen los misterios de las estrellas y la magia de la evolución; inertes supervivientes del holocausto.

Esas eras pasadas vinieron a mí. Años y años de devenir me llenaron de extinciones, reemplazos y renovaciones. Fueron años y vinieron años, de cientos en cientos, de miles en miles, y de millones en millones. Hombres que mueren en guerras sangrientas disputándose un trozo de tierra; libélulas que, en un aparente desafío a la gravedad, se arrancan del suelo y echan a volar, tomando para sí y sus descendientes un nuevo espacio que habitar: el aire; explosiones e implosiones de materia cósmica; peces que nadan, lagartos que reptan y dodos que quieren volar…

Devenir, sentí a Heráclito y su “todo fluye”, sentí el tiempo y su dinamismo, sentí el cambio.

Alcé la vista al techo porque no podía sentir más, entonces descubrí a cuanto médico hubo en tiempos pasados, médico o científico, solo cualquier estudioso. Las palabras que se arremolinaron en mi cabeza fueron: Linneo, ” De Materia Medica”, Dioscórides, Caesalpino, “De Plantis”, Aristóteles… Se hicieron tan confusas que no pude pronunciarlas. Algo dije, o algún sonido emití. ¡El techo era un herbario! Pliego tras pliego representaba gran cantidad de plantas, creo que todas con flor, al menos en el trozo que admiré, que quizá fue menos de lo que me pareció, quizá me quedé atrapada en un lapso de tiempo que se estiró como para ser largo y pensé que mis ojos recorrían más pliegos de los que en realidad vieron.

Manu buscaba no sé qué, yo admiraba. No sé si él me arrastraba o si yo misma le seguía de manera insconsciente.

Intenté comunicarme con él, porque estaba sintiendo demasiadas cosas y necesitaba ayuda, pero él estaba demasiado concentrado en “sigo sin saber qué” y yo no era capaz de hablar.

No sé si ocurrió antes o después de descubrir los adornos de marcos y columnas: ofidios de lenguas bifídas, pequeños pájaros de alas extendidas, ramas trepadoras con hojas a cada lado…

Tenía que sacarlo de mí, tan llena estaba de emociones, que hasta el aire hacía un esfuerzo para entrar y salir de mí. Pedí atención a Manu, pero él seguía ocupado, quizá tratando de trazar la ruta más adecuada para llevar a cabo la vuelta de reconocimiento más completa posible.

Empecé a respirar entrecortadamente, se hizo sitio para el aire y mis emociones empezaron a manifestarse como lágrimas.

Estoy llorando“, conseguí decir a Manu después de otros mil esfuerzos tratando de recibir apoyo de su parte. Y los dos reímos.

Tanta fue mi emoción, que me puse a llorar. ¡Jamás me había pasado algo semejante!

Repaso hormonal: no, no esperamos menstruar en los próximos días. No estamos embarazados (más que confirmado a estas alturas), no tomamos medicación, no sufrimos depresión o trastorno semejante…

Va a ser que, al final, sí que soy bióloga.

  1. marzo 19, 2010 a las 9:04 am | #1

    No vais a menstruar, no estáis embarazados, no tomáis medicación y no sufrís trastornos, pero… fumar, ¿fumáis algo? :P

  2. Marta
    marzo 19, 2010 a las 9:54 am | #2

    Jajajaja

    Pues he de decir que no, Manu nunca fumó nada, salvo pasivamente; y yo hace años que no fumo nada que no sea tabaco (salvo pasivamente)… y el tabaco no lo fumo (y a penas pasivamente) desde Septiembre.

    La verdad es que pudiera ser esto la descripción de un viajecito de ácido… especialmente cuando aparece de la nada un tiovivo. Pero estaba allí. Para entretener niños mientras haces cola, supongo.

  3. sonia
    marzo 20, 2010 a las 10:22 am | #3

    Es estupendo cuando una película, un libro, un museo, lo que sea, cualquier cosa que exista para que lo disfrutes de alguna manera, te emociona de tal forma, verdad? Esa película, libro, loquesea, está cumpliendo su función. Yo me emocioné viendo “La joven de la perla” (me refiero al cuadro, no al libro ni a la peli. La peli no la vi y el libro sí lo leí, pero ver el cuadro en sí mismo es una pasada); la verdad es que no sé muy bien por qué, si por la luz, el gesto de la chica, el realismo de su mirada,…sentí que no me cansaría jamás de verlo y contemplarlo, el tiempo parecía pararse….fue extraño, creo que nunca me había pasado con ningún cuadro. El Guernica es increíble, me inspiraba cierto miedo, cierta tristeza, cierta soledad; los Girasoles cierta empatía con su autor, cieto grado de locura; cualquiera de los de Dalí cierto delirio, cierta paranoia; pero La Joven de la Perla…era algo diferente, indescriptible.
    Y sí, los edificios también pueden inspirar esas cosas porque son arte al fin y al cabo. La Ópera de París insipira también una elegancia tan extrema que ni te lo crees si te lo paras a pensar un poco. Yo no tengo tu “deformación profesional” y el Museo de Historia Natural no me emocionó de esa manera, pero sí me parece un edificio increíble que además me hizo retornar a mi infancia al recordar aquellas películas en las que aparecían secuencias del museo, creo que una era “La bruja novata”, no? ay, ya no sé. Sé que había una de unas monjas del año de la pera que tenía escenas en el museo, y otra creo que era en “La bruja novata”, pero no recuerdo bien, creo que volaba entre los esqueletos de los dinosaurios o algo así.

    Me alegro de que lo hayas disfrutado de esa manera. Y ni hormonas ni leches, coño. Somos emocionales y punto, y las Cosas Buenas son capaces de hacernos despertar esas emociones.
    Un besito

  4. marzo 24, 2010 a las 7:28 am | #4

    No me admiraba así de mis propias emociones desde un día que tuve instinto maternal… aquel día más que admirarme, me acojoné… y llamé a Diego para decirle que estaba horrorizada de mí misma. ¡Soy mujer! ¡Ya soy mujer! Sabíamos que tenía que pasar, pero… ¡Dios, soy mujer! Empezaré a pararme en cuanto escaparate se me presente, a esconderme detrás del maquillaje, a hablar de moda, a usar bolso… ¡mis mochilas! ¿qué va a ser de mis mochilas?

    Y sí, fue grave, pero no tanto.

  5. sonia
    marzo 30, 2010 a las 2:32 pm | #5

    Je,je; no había leido esto antes!!!!!!!
    Horrorizada? Como tú dices, no es tan grave!! A mí me gusta ser mujer con todo lo que ello implica, no es que sea el colmo de la feminidad precisamente, pero algunas cosas especialmente femeninas sí me gustan…El instinto maternal es inevitable, por eso, porque es un instinto, y lo otro (maquillaje, moda, etc) es sólo una opción. Me gusta nuestra especial sensibilidad y nuestra capacidad de hacer varias cosas a la vez, nuestra capacidad de cuidar en el más amplio sentido de la palabra, nuestra intuición…hablo en términos generales, que no todas tenemos igual de desarrolladas esas cualidades. Y también me gusta, por qué no, llevar tacones, usar maquillaje de vez en cuando y ponerme vestidos, aunque también me puedo calzar unas botas de todo menos femeninas y tirar monte arriba…
    ¡Vivamos las mujeres!

  6. marzo 30, 2010 a las 3:13 pm | #6

    Mi compañerO “como se llame”, XY de nacimiento, viste falda, lleva bolso, se maquilla y usa tacón; cosas que yo, fémina de nacimiento, por norma general no hago.

    Y así es como podemos seguir maravillándonos y disfrutando unos de otros: todos somos diferentes.

    Si hay que generalizar… podría decir un montón de cosas, pero resumo mi punto de vista así: aunque a nivel de concepto la mujer es chupiguay; a nivel de realidad con la que hay que vivir, prefiero que me traicione un hombre a que lo haga una mujer.

  1. marzo 19, 2010 a las 10:12 am | #1
  2. marzo 23, 2010 a las 7:28 am | #2

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